La doctrina del kamma explica cosas como …
La doctrina del kamma explica cosas como las diferencias individuales entre los seres humanos y porque las buenas personas sufren en esta vida. El kamma no es justicia moral; si uno considera la ley de kamma como tal, está sugiriendo que alguien está sentado juzgando a los seres. No hay nadie que juzga las acciones de los seres; la ley moral de kamma simplemente existe; no es justicia moral ni premio y castigo. De acuerdo con esta ley, si uno realiza buenas acciones, obtiene buenos resultados y si realiza malas acciones, obtiene malos resultados. Sin embargo, los resultados no están dados por alguien ni están dados como premio o castigo. El kamma es una ley moral que no requiere un legislador; es una ley que opera naturalmente.
Diferentes modos de morir

Fuente: Diferentes modos de morir por Yoga Natural
Si la muerte es, tal como afirmaban los antiguos filósofos clásicos, la piedra de toque de toda filosofía, entonces, el budismo tibetano es filosofía por antonomasia. La tradición tibetana concede una importancia extrema al proceso de la muerte ya que, en su opinión, constituye el momento decisivo de la existencia. Es como si la vida entera estuviera destinada —en lo externo y en lo interno— a ser sometida a prueba en este tránsito crucial.
El principal mensaje subyacente a este énfasis sobre el momento de la muerte radica en la idea —genuinamente budista— de que el ser humano no tiene por qué estar sometido de forma pasiva a una serie de acontecimientos incontrolables, sino que puede ejercer algún tipo de acción en cualquier circunstancia, por más difícil que parezca ésta, incluso en un momento tan delicado como es el de abandonar la vida.
Un somero repaso a las manifestaciones exhibidas por algunos practicantes de meditación durante el proceso de la muerte nos proporcionará una idea de lo rica en prodigios que es la tradición tibetana en este sentido. Todos estos hechos aparentemente sorprendentes nos enseñan, en definitiva, que la realidad en que vivimos no es algo inalterable, sólido o permanente, sino que es moldeable hasta extremos que, a los ojos ordinarios, parecen totalmente imposibles.
Pero tal como dijo el actual Dalai Lama, no se trata tan sólo de relatos de “ciencia-ficción religiosa” sino de testimonios fidedignos que nos trasmiten el esperanzador mensaje de que, desde épocas inmemoriales, los seres humanos hemos gozado de una tecnología espiritual capaz de vencer nuestras habituales limitaciones espaciotemporales.
En lo que concierne a las manifestaciones mostradas por los meditadores tibetanos durante el tránsito de la muerte hay que decir que, en primer lugar, si la práctica meditativa ha sido llevada a cabo correctamente, aunque no se haya sido capaz de alcanzar la liberación o la iluminación completa, en el momento de la muerte se carecerá, como mínimo, de cualquier motivo de pesar o de temor.
Según la tradición, las personas que carecen de todo temor ante la muerte evidencian cuatro signos. De este modo, como un ciervo, gozan de retirarse a la soledad para morir completamente en paz; como un león impávido, no carecen de todo temor a lo que pueda sobrevenirles; como un mendigo, no se preocupan por las condiciones externas y, aunque mueran en medio de la calle, no sienten ningún pesar por ello; y, por último, como un niño pequeño que carece de todo tipo de ideas preconcebidas, permanecen desapegados tanto de la muerte como de la vida.
El budismo no deja a nada al azar ni priva a nadie de oportunidades y es consciente de que el miedo a la muerte puede ser muy difícil de superar. Por esa razón, existen ciertos métodos, como el phowa —o la transferencia de la conciencia, también conocida como «iluminación sin meditación»—, que permiten, al menos teóricamente, dirigir la conciencia en el momento de la muerte hacia un reino puro o un paraíso búdico.
Los tibetanos organizan cada año multitudinarios festivales de práctica de phowa, cuyo objetivo es el de entrenarse antes del momento de la muerte en la apertura de la puerta psíquica por donde la conciencia deberá abandonar el cuerpo. Hay que añadir que el signo de que se ha logrado la pericia en la práctica es un diminuto orificio que aparece en la cúspide del cráneo del practicante, orificio en donde se inserta un tallo de hierba que, a veces, se mantiene ahí durante varios días como prueba de éxito en esta singular práctica.
Pero lo más importante es que, tal como sugieren multitud de testimonios, quienes llevan hasta sus últimas consecuencias las enseñanzas budistas son capaces de disolver completamente su cuerpo material, reabsorbiendo todos los elementos materiales en su fuente luminosa original. Este tipo de logro se conoce como “cuerpo de arco iris” (ja-lus), cuya manifestación más ostensible tiene lugar paralelamente al proceso de la muerte, cuando los huesos, la carne, la sangre y el resto de componentes del organismo burdo se transforman en la pura esencia de sus elementos constitutivos y se diluyen en la Clara Luz, dejando tras de sí únicamente algunos vestigios materiales como el cabello y las uñas. Este proceso de disolución gradual puede prolongarse durante más de una semana.
Tal como afirma Dudjom Rimpoche —cabeza de la escuela Nyingmapa [antigua] del budismo tibetano—, sería imposible enumerar a todos aquellos que han alcanzado el cuerpo de arco iris gracias a las enseñanzas del Dzogchen [Gran perfección: las enseñanzas más esotéricas del budismo tibetano a las que pertenece, por cierto, el Bardo Thödol]. No se trata, pues, de meras leyendas trasnochadas ya que existen testimonios altamente fiables de que, en nuestra época, también han sido varios los individuos que han alcanzado tan insólito logro.
Uno de los últimos testimonios referentes a este tipo de realización —que alcanzó gran difusión en su momento en el Tíbet— nos lo transmite el maestro tibetano Namkhai Norbu Rimpoche —residente actualmente en Italia— y que ocurrió en 1952. El protagonista fue un individuo llamado Sönam Namgyal de la familia de Tag-rong, del valle de Yidlhung, sito en la región de Kham. Tras haberse dedicado a la actividad de la caza en su juventud, Sönam Namgyal recibió enseñanzas de Dzogchen de algunos maestros muy importantes, abandonando su ocupación habitual y entregándose intensamente a la práctica meditativa sin que sus vecinos llegaran a advertir jamás su grado de dedicación. Sönam Namgyal se ganaba la vida tallando imágenes religiosas sobre las rocas y nadie podía suponer que era una persona especial hasta que, a los setenta y nueve años de edad, enfermó gravemente y falleció.
Un lama que se hallaba presente dijo que se debía tratar con especial atención a aquel cadáver pero los parientes no entendieron bien a que se refería, así que prepararon el cuerpo para el funeral del mismo modo que se hubiera hecho con cualquier persona. Sin embargo, pronto comenzaron a advertir en torno al cuerpo luces de arco iris y cómo éste iba disminuyendo de tamaño. Fue entonces cuando los presentes se percataron de que el difunto debía haber alcanzado algún tipo de realización espiritual. Transcurridos un par de días más —concluye el relato—, sólo restaban los cabellos y las uñas, un signo que indica la realización del cuerpo de arco iris. El evento alcanzó una difusión notable porque se trataba de una persona ordinaria de la que nadie sospechaba su nivel de realización.
El siguiente testimonio también nos los proporciona Namkhai Norbu Rimpoche. Según explica, alrededor del año 1949, cierto monje —perteneciente a un monasterio de la orden Sakya— fue expulsado de su comunidad tras ser reprendido públicamente por mantener relaciones amorosas con una joven. Desolado y sin hogar, esta persona se dedicó a vagabundear hasta que arribó a la zona noroeste del Tíbet, donde tuvo la fortuna de encontrarse con Sangpa Drubchen, un maestro de Dzogchen que tenía doce hijos, todos ellos practicantes de meditación, que vivían al estilo nómada tibetano cuidando del ganado y desplazándose continuamente de una región a otra.
Tras pasar varios años trabajando y estudiando con este maestro, el antiguo monje retornó al área en donde se hallaba su monasterio, pero no fue readmitido y se estableció en las cercanías en una pequeña cabaña dedicando la mayor parte del tiempo a meditar y a cuidar de un pequeño rebaño. Y así vivió varios años hasta que, una mañana, el exmonje anunció repentinamente que iba a morir en el plazo de siete días.
Se encerró entonces en una habitación durante la siguiente semana. Al amanecer del octavo día, muchos monjes y dignatarios locales acudieron al lugar presas de la curiosidad, a pesar de haberlo criticado duramente en el pasado, y, al abrir la puerta de la estancia, sólo pudieron recoger atónitos los cabellos y las uñas del antiguo monje. Y, entonces, decidieron construir una stupa de oro en el interior del monasterio para venerar adecuadamente sus reliquias.
El tercer caso también procede de Namkhai Norbu Rimpoche. Según relata, en 1952, en la zona del Tíbet donde él había nacido, vivía un anciano quien, en su juventud, había sido durante algunos años el asistente de un maestro de Dzogchen y había escuchado de él numerosas enseñanzas. Al morir este maestro, el hombre abandonó el lugar, contrajo matrimonio y comenzó a ganarse la vida muy modestamente esculpiendo oraciones y mantras en las rocas. Pasaron los años y nadie le prestó atención o pensó siquiera que fuera un practicante espiritual.
Sin embargo, cierto día, el hombre —ya anciano— anunció su muerte para una semana después y envió un mensaje a su hijo, que era monje, diciéndole que deseaba dejar todas sus posesiones como un ofrecimiento al monasterio donde su hijo se hallaba retirado. El monasterio difundió la noticia de que el anciano había anunciado su propia muerte y de que permanecería encerrado durante la semana que precedería al suceso. De este modo, fue mucha la gente que se acercó al lugar y el hecho acabó convirtiéndose en un evento público. Se congregaron representantes de todas las escuelas budistas, de los grandes monasterios e incluso miembros de la administración china, casi todos ellos militares. Cuando se abrió la puerta de la habitación en la que había permanecido el anciano, todos pudieron testificar que, en su interior, no había ningún cadáver sino tan sólo las uñas y un puñado de cabellos.
En la tradición autóctona del Tíbet, el Bön, también existen testimonios muy actuales a este respecto. Así, por ejemplo, Lopön Tenzin Namdak relata el caso de tres estudiantes de un afamado maestro de esta tradición que permanecieron juntos recibiendo las instrucciones del Dzogchen hasta que, en 1959, a causa de la invasión china de esa zona del Tíbet, se dispersaron por diferentes regiones.
El primero de ellos, un individuo llamado Tsultrim, desapareció durante el turbulento período de la Revolución —ultural. El segundo estudiante, de nombre Tsewang Dechen Nyingpo, fue ocultado por unos aldeanos durante la misma época, pero cayó gravemente enfermo y falleció en su escondite. A partir de ese momento, su cuerpo fue disminuyendo de tamaño a lo largo de diez días hasta quedar reducido a unos pocos centímetros, siendo introducidos los restos en el interior de una jarra y ahí permanecieron hasta que, en 1984, debido a la relativa libertad religiosa promovida por los chinos, fueron mostrados por primera vez en público. El tercer discípulo, Tsupo Özer, también falleció en Tíbet en 1983 y, tras un intervalo de una semana, su cuerpo se redujo considerablemente, siendo guardado junto a los restos del anterior estudiante durante algunos meses.
Posteriormente, ambos cuerpos fueron trasladados a Nepal para ser incinerados públicamente en Katmandú, un evento al que asistieron más de diez mil personas. Según relatan los monjes que transportaron los restos desde Tíbet a Nepal, ambos cuerpos se hallaban sentados en la postura del loto y eran sumamente ligeros. Uno de los monjes, que se encontraba presente cuando Tsupo Özer falleció, añade que, durante el proceso de su muerte, aparecieron numerosos arco iris en torno a la casa donde se encontraba. Pero, quizá, lo más sorprendente es que Tsupo Özer era un inveterado bebedor de cerveza tibetana y nadie le tenía por un practicante modélico.
Pero no todos los cuerpos de los meditadores que han alcanzado la más alta realización del Dzogchen se disuelven en luz sino que, en ocasiones, también pueden dejar tras de sí un tipo de reliquias conocidas en tibetano como gdün y ringsel, que suelen ser consideradas como supremos objetos de veneración. Como norma general, los individuos que alcanzan alguna de las realizaciones del Dzogchen pero no disuelven su cuerpo en la hora de la muerte, siempre manifiestan en dicho tránsito ciertas señales inequívocas que Kunkhyen Jigme Lingpa, un erudito clásico tibetano, sumariza en cuatro tipos de signos: (a) luces, sonidos, (b) imágenes [las formas de las deidades aparecen inscritas en los huesos], (c) gdün y ringsel ["perlas" cuyo tamaño oscila desde el tamaño de un guisante hasta el de una semilla de mostaza], o bien (d) se producen temblores sísmicos.
Asimismo, se explica:
Los yoguis mediocres tienen tres modos de morir: Como un niño pequeño, superando cualquier concepto acerca de la muerte; como un mendigo, libre del temor a las condiciones externas; o como un león, en solitarias montañas nevadas, habiendo eliminado todo apego a las circunstancias.
Cuando se es capaz de morir de esta manera, uno cuenta con la evidencia de la realización y ya no necesita, por tanto, que se le recuerden las instrucciones.
Consejos sobre la meditación
Fuente: Consejos sobre Meditación por Tradición Perenne
Cuando tu lees los libros sobre la meditación, o cuando la meditación es presentada por diversos grupos, el énfasis es mas que todo sobre las técnicas. En el mundo occidental, la gente tiende a estar muy interesada en la “tecnología” de la meditación. Sin embargo, la característica más importante de la meditación no es la técnica, sino la postura, no tanto fisica sino más que todo se refiere a una actitud.
Debemos reconocer que cuando comenzamos la práctica de la meditación, estamos incorporando una dimensión totalmente diferente. Normalmente en la vida ponemos mucho esfuerzo en la obtención de las cosas externas y hay muchas luchas que tenemos que superar, mientras que en la meditación es justamente lo contrario, la meditación el la ruptura de cómo funcionamos normalmente.
La meditación es simplemente una cuestión de estar, de derretirse, como un pedazo de mantequilla dejada al sol. No tiene nada que ver con si tu “sabes” o nó, en hecho, cada vez que tu practicas la meditación tu tienes que estar fresco, como si sucediera por primera vez . Tu apenas siéntate con tu cuerpo relajado, silencioso, tu mente completamente tranquila, y permite que los pensamientos vengan y que vayan, sin dejarlos causar estragos en tu mente. Si tu necesitas algo que hacer, observa la respiración. Este es un proceso muy simple. Cuando tu estás respirando hacia fuera, siente que estás respirando hacia afuera. Cuando tu respiración hacia adentro, siente que tu estás respirando hacia adentro, sin proveer ninguna clase de comentario adicional o chisme mental, pero solo identificando la respiración. este proceso de la mente atenta es muy simple y procesa tus pensamientos y emociones, entonces, como una vieja piel se liberan.
Generalmente la gente para relajar el cuerpo se concentran en diversas partes. Pero la relajación verdadera viene cuando te relajas de adentro hacia afuera entonces todo se facilitará y se hará absolutamente natural.
Cuando tu comienzas a practicar, tu entras en contacto con tu “punto suave”, y solamente permanece allí. Tu no necesitas centrarte en cualquier cosa en detalle para comenzar. Apenas se espacioso, y permite que los pensamientos y las emociones aparezcan. Si tu lo haces así, más tarde, cuando tu utilices un método tal como mirar la respiración, tu atención estará más fácilmente en tu respiración. No hay punto determinado en la respiración en el cual tu necesites centrarte, es simplemente el proceso de la respiración. Veinticinco por ciento de tu atención está en la respiración, y el setenta y cinco por ciento está relajado.
Intenta identificarte realmente con la respiración, más que solamente mirarla. Tu puedes elegir un objeto, como una flor, por ejemplo, para enfocarte. A veces enseñan a visualizar una luz en la frente, o en el corazón. A veces un sonido o una mantra puede ser utilizado. Pero al principio es mejor simplemente ser espacioso, como el cielo, siente que eres el universo entero.
Cuando te sientes, deja que todo se calme y permite que las cosas y todo lo que está en desacorde se disuelvan naturalmente, de aquí nace tu verdadero ser. Tu experimentas un aspecto el cuál es el “verdadero” tu. A medida que tu profundices más, tu comienzas a descubrir y a conectarte con tu calidad de amar que es la más fundamental.
El punto clave de la meditación es el conseguir utilizar ese aspecto de el cual te has olvidado. En Tibetano meditación significa “acostumbrarse”. Acostumbrarse a qué? a tu verdadera naturaleza, tu naturaleza de Buddha. Esta es la razón por la cual, en la enseñanza más alta de Buddismo, Dzogchen, a ti te dicen que descanases en la naturaleza de tu mente”. Tu apenas te sientas y dejas que todos los pensamientos y conceptos se disuelvan. Es como cuando las nubes se disuelven o la niebla se evapora, así revelando el cielo claro y el sol que brilla detrás de ellas.
Cuando todo se disuelve, tu comienzas a experimentar tu verdadera naturaleza, tu “vives!”. Entonces tu lo sabes y en ese momento, te sientes realmente bien!. Está sensación de bienestar es completamente diferente a todas las que tu puedes hayas experimentado. Ésta es una experiencia verdadera y genuina, en la cual tu sientes una profunda paz, alegría y confianza sobre ti mismo.
Es bueno que medites cuando te sientas inspirado. temprano en las mañanas puedes tener esa inspiración, pues los mejores momentos de la mente son temprano en el día, cuando la mente está más tranquila y más fresca (el tiempo tradicionalmente recomendado es antes del amanecer). El más apropiado para sentarse a meditar, porque no solamente es fácil sino que entonces te dará más confianza en la práctica, y tu podrás más adelante practicar cuando no estes inspirado. No hay necesidad de meditar por mucho tiempo: apenas permanece silencioso hasta que puedas entrar y conectarte con la esencia de tu corazón. Éste es el punto principal.
Después de esto hay una cierta integración. Una vez que la mente atenta haya sido despertada por tu meditación, tu mente será tranquila y tus opiniones más coherentes. Entonces, estarás presente en todo lo que haces. Como en el refrán famoso del Zen: “cuando yo como, yo como; cuando duermo, duermo”. Cualquiera cosa que hagas, tu estarás completamente presente en el acto. Así sea lavando platos, si se hace completamente, se puede decir que estarás más lleno de energía. Serás más pacífico, así eres más “tu”. Te conviertes en el “tu” universal.
Una de los puntos fundamentales del viaje espiritual es el perseverar a lo largo del camino. Aunque tu meditación puede ser buena un día y no tan buena el día siguiente, como cambios en el paisaje, esencialmente no son las experiencias, buenas o malas las que cuentan, pero cuando tu perseveras, la práctica verdadera aflora en ti y llega entre lo bueno y malo. Lo bueno y lo malo son simplemente espejismos, así como puede haber buen o mal tiempo, cielo siempre es el mismo. Si tu perseveras y tienes esa actitud del cielo espacioso, sin la perturbación de emociones y experiencias, tu desarrollarás estabilidad y la profundidad real del la meditación.
Tu encontrarás esto gradualmente y casi inadvertidamente, tu actitud comienza a cambiar. Tu no te aferras a las cosas tan sólidamente como antes, y aunque se sucedan las crisis te mantendrás tranquilo, sabrás manejarlas y te darás cuenta que todas estas situaciones son risibles y vivirás con un corazón más alegre
Algunas enseñanzas Bön sobre Dzogchen
Fuente: Dzogchen Bön por YogaNatural
La triple aplicación de los tres votos y la triple relajación:
Tomando el voto del no mover el cuerpo, nos relajamos en la inmovilidad. Tomando el voto de no activar la palabra, nos relajamos en el silencio. Tomando el voto de no mover los pensamientos, nos relajamos en el estado que está más allá del pensamiento.
La triple inmovilidad:
Cuando el cuerpo no se mueve, los canales sutiles permanecen inmóviles. Cuando los canales no se mueven, los ojos permanecen inmóviles y, si los ojos están inmóviles, la mente reposa en el Estado Natural. Por lo tanto, hay que vigilar los ojos puesto que el punto principal reside en la forma de mirar.
La triple instrucción directa:
No seguir el pasado,
no proyectar el futuro,
permanecer naturalmente en la Base.
Los tres abandonos y los tres no seguimientos:
Abandona las cosas sin esfuerzo mental,
abandónalas tal como son en el vasto estado natural,
abandónalas sin intentar cambiarlas ni transformarlas.
Externamente, no analices los objetos de manera dualista e, internamente, no les asignes ningún juicio ni etiqueta conceptual. Sin seguir los pensamientos relativos al pasado o al futuro, trasciende el dominio de la mente.
La Esencia de la Mente
Fuente: Dzogchen, Oshogulaab por Tulku Urgyen Rinpoche.
La Esencia de la mente es primordialmente vacía y desarraigada por lo tanto el Buda dijo, “dense cuenta del vacío de su mente”. El darse cuenta del vacío significa comprender y ver en realidad que nuestra mente esta vacía, sin fundamento y desarraigada. Esa es su esencia, su identidad – pero ¿cuál es su naturaleza? Es la capacidad de saber. En el caso del Buda el saber se llama sabiduría omnisciente. Ahora mismo, en este mismo instante ¿no tenemos la capacidad de conocer y sentir? En este mundo, solo hay algo que puede saber, sentir y comprender, y eso es la mente de los seres sintientes. Solo la mente puede hacer esto. En pocas palabras, el Buda enseño que debemos darnos cuenta del significado del vacío.
Reiterando, la cualidad vacía esta libre de los ocho conceptos limitantes; es primordialmente vacía, desarraigada. La analogía utilizada es el espacio, porque el espacio no puede ser creado. El espacio no es algo que hacemos. La luz del sol es la metáfora para la cualidad de darse cuenta; tampoco hay alguien que haga la luz solar. Es espontánea y naturalmente presente. El espacio y el sol son por siempre inseparables. El sol no puede ir a algún lugar fuera del espacio. El significado al que esta analogía se refiere con relación a nosotros es que nuestra esencia es vacía, y por naturaleza se da cuenta. Esta capacidad es la unidad de ser vacío y darse cuenta. El reconocer y darse cuenta de esto es el auténtico corazón de los ochenta y cuatro mil aspectos del Dharma.
De acuerdo con el método tradicional del Budismo Tibetano, el estudiante comienza su práctica con los cuatrocientos o quinientos mil preliminares en la manera correcta y apropiada. Entonces el o ella prosiguen con su práctica del yidam en las etapas de generación, recitación y completación. Después de eso, el practicante es introducido a la verdadera visión del Mahamudra y Dzogchen. La secuencia es presentada convencionalmente en este orden: primero remueves tus oscurecimientos, después impregnas a tu ser con bendiciones; finalmente eres presentado con la cara natural de la conciencia. Estos días, sin embargo ¡los estudiantes no tienen mucho tiempo! Asímismo, los maestros no permanecen en un mismo lugar ni enseñan continuamente. He escuchado que en la actualidad varios maestros primero dan la instrucción de “señalamiento” (pointing-out) iniciando a la gente en el punto principal de la práctica y después enseñan los preliminares. La visión y la conducta pueden así ser adaptados al tiempo y a las circunstancias. En el mundo contemporáneo, hay una creciente apreciación e interés por el Budismo. Esto se debe a que la gente está mejor preparada y es más inteligente. Cuando los maestros y alumnos no cuentan con el tiempo para estar juntos, no hay oportunidad para repasar toda la secuencia de enseñanzas. Yo también acostumbro a dar toda la serie de enseñanzas completas de una sola vez. Un proverbio, de donde vengo, dice: “El sabio puede incluso encontrar veracidad en las palabras de un pilluelo”. Este enfoque de dar la esencia al principio y después enseñar el Ngöndro, la etapa de generación, la recitación del mantra y la etapa de completación, puede compararse con el abrir la puerta por completo desde un principio. Cuando abres la puerta la luz del día entra totalmente, así que mientras estás parado en la puerta, puedes ver la parte más recóndita del templo.
Algunos maestros budistas pueden decir de mí ¡cómo es posible que él trate de inmediato señalar la naturaleza de la mente sin hacer que los estudiantes atraviesen por el Ngöndro de la purificación de oscurecimientos y la acumulación de mérito! Algunos tendrán esta objeción, pero con todo respeto, no siento que sea incorrecto hacerlo. ¿Porqué? Porque estamos ahora en la Edad Oscura y hay una predicción que: “Al final de la Edad Oscura, las enseñanzas del Mantra Secreto estallarán como pólvora.” El mantra secreto aquí se refiere al Mahamudra y al Dzogchen.
Honestamente, si uno ha recibido las enseñanzas de la esencia de la mente y luego practica los preliminares al mismo tiempo que recuerda el reconocer la naturaleza de la mente, el efecto se multiplica cien veces, mientras que el practicar con samadhi puro multiplica el efecto cien mil veces. Combina los preliminares con el reconocimiento de la naturaleza de la mente y tu práctica será tremendamente efectiva.También puedes practicar los preliminares con simplemente una buena y sincera actitud, y esto por si mismo purificará definitivamente tu karma negativo. Pero una buena actitud en si misma no es suficiente como el verdadero camino a la iluminación. Si te dedicas a estas prácticas con una visión correcta del reconocimiento de la esencia de la mente, los preliminares se convierten en el real camino a la iluminación. Si tienes una pintura de una vela ¿puede alumbrar el cuarto? ¿No será mejor tener una vela real encendida generando luz real? De la misma manera cuando practicamos tomar refugio, el refugio verdadero es el tomarlo libre del triple concepto de sujeto, objeto y acción. Lo mismo sucede con la actitud del bodisattva; el verdadero estado de la mente despierta, la bodhichitta ulterior, está libre de asir el triple concepto. Asímismo sucede con la práctica de Varjasattva, la ofrenda del mandala y el Guru Yoga. Sólo hay una manera de liberarse del triple concepto, y eso es el reconocer la verdadera visión. No siento que haya nada inapropiado en dar la instrucción de señalamiento (pointing-out) a la gente. Pueden practicar los preliminares posteriormente. Esta perfectamente bien.
Otro punto es que cuando se da una enseñanza como esta debe haber una especie de vínculo puro entre el maestro y el discípulo. Yo siento que entre nosotros existe un vínculo puro. No habrá mucha oportunidad para que alguien lo destruya por una percepción impura o por dañar los votos del precioso samaya, porque todos los aquí presentes no estarán conmigo por mucho tiempo. Por lo tanto, no habrá mucha oportunidad de romper el samaya. Se dice que un maestro es como el fuego: si estás muy cerca te quemarás, pero si mantienes un poco de distancia, podrás recibir el calor y el brillo y no te quemarás. Cuando todos vayan de regreso a sus casas, habrán recibido las enseñanzas y no tendrán oportunidad de romper el samaya conmigo. Esto es algo positivo.
Muchos de ustedes tienen un pie en el mundo material; no hay alternativa. Tienen que hacer dinero para hacerse cargo de su situación de vida. No los estoy forzando a que de inmediato renuncien y se metan en problemas por eso. La renuncia surgirá por si misma naturalmente de su entrenamiento en la esencia de la mente. Mientras practiquen esta enseñanza más y más y ganen mayor convicción, su atracción por el mundo pasajero y sus afanes será menor y menor por sí misma. Dentro de ustedes descubrirán el verdadero valor de las enseñanzas del Buda, y gradualmente dedicarán más tiempo y energía a esta práctica. No quiero, ni necesito forzar o empujar a nadie; este desarrollo sucede por si mismo. La gente inteligente, por ella misma, comprende lo que es valioso.
Dzogchen: La Gran Perfección
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El dzogchen es un sendero de sabiduría completo de principio a fin que no necesita, en consecuencia, recurrir a otro tipo de prácticas yóguicas, sútricas o tántricas. Lo fundamental en el dzogchen es el reconocimiento del llamado estado natural de la mente y acostumbrarse a dicho reconocimiento en todas circunstancias. No existe más misterio ni otro método. Tan sólo la Gran Relajación en lo que es, tachonada con la apertura de corazón que proporciona la devoción y la gracia del Linaje de la Mente.
Sin embargo, hay que saber reconocer el estado natural de la mente. Para ello, en un principio suele utilizarse la fijación de la mente en la sílaba A, que representa el estado primordial. Tras alcanzar la debida estabilidad mental, uno pasa a buscar la conciencia, el sujeto o la mente que está prestando atención a dicha sílaba.
Tras buscar exhaustivamente suele constatarse que es imposible localizar directamente al yo, la mente o la conciencia que está observando la sílaba A y es esta misma ausencia de localización definitiva la base del trabajo contemplativo. El sujeto —o la mente— no puede ser convertido en objeto, y mucho menos en un objeto de concentración. Lo mismo que atañe al pensador ocurre con cada una de nuestras percepciones, sensaciones y pensamientos.
¿De dónde vienen los pensamientos? ¿Dónde permanecen? ¿Adónde se dirigen? La respuesta que demos a estas preguntas no puede ser intelectual sino una captación directa del asunto. Ése sería el primer paso a dar en el dzogchen, es decir, localizar el lugar de origen, permanencia y desaparición de los pensamientos y también, repitámoslo una vez más, del pensamiento del yo o el pensador. Como decíamos, después de investigar infatigablemente una y otra vez es imposible localizar de una manera definitiva al pensamiento ni a quien lo busca.
El yo no está ni dentro ni fuera del cuerpo. Se comienza a comprender entonces que la mente es tan vacía como el espacio del cielo. Sin embargo, no se trata, repetimos, de una comprensión intelectual o una cuestión de mera aceptación o de ciega devoción. La investigación de la naturaleza de la mente debe ser tan minuciosa como alguien que tratara de moler un hueso hasta reducirlo al polvo. Todas las posibilidades deben ser agotadas.
No podemos contentarnos con una respuesta superficial, leída o prestada, sino que debemos obtener una percepción directa de la realidad. Es necesario investigar hasta determinar completamente y sin lugar a dudas que todos los pensamientos emergen del estado vacío y claro carente de pensamientos, permanecen en dicho estado y se disuelven en él. Una vez que se alcanza dicho reconocimiento, ya no hace falta seguir buscando ni analizando los pensamientos, sino tan sólo permanecer en este reconocimiento. Ya no hay que cambiar nada ni seguir investigando. Todo emerge, permanece y desaparece sin obstrucción ni apego en la claridad natural de la mente.
También se aconseja observar el espacio que aparece naturalmente entre los pensamientos. Es de ese espacio de donde surgen todas nuestras experiencias. No se trata de forzar esos intervalos o claros mentales que tienen lugar de manera natural. Cuando permitimos que los pensamientos discurran libremente, aparecen naturalmente pausas en el flujo mental. Ese estado de vacuidad y no-pensamiento no es el objetivo del dzogchen, sino que constituye lo que se denomina la base de trabajo. Una vez hemos constatado la naturaleza vacía y clara de los pensamientos y el pensador, sólo hay que permanecer en dicha comprensión.
El reconocimiento de dicho estado se conoce en la tradición budista como “reconocimiento del dharmakaya”, aunque también se denomina el descubrimiento de la base o de la verdadera naturaleza de la mente. Padmasambhava afirma: “Hay que dejar la mente relajada, pura, fresca y libre de focalización, sin tratar de centrarla en algo externo ni concentrarla internamente”. La metaexperiencia del estado natural no es fruto directo de la búsqueda ni del esfuerzo. Es absurdo afirmar que uno practica dzogchen. El estado natural, no lo olvidemos, es impracticable, aunque el agotamiento de todos los fenómenos es uno de los medios para propiciar el claro mental imprescindible para su reconocimiento.
Otro de los medios —no sólo posible sino imprescindible— para que tenga lugar ese claro mental es la devoción. El agotamiento de todos los fenómenos está muy relacionado con la entrega y la rendición. En palabras del maestro Lopön Tenzin Rinpoche, el dzogchen sin devoción tan sólo es un entretenimiento intelectual. Tradicionalmente, la devoción ha ocupado un lugar central en este sistema. No obstante, hay que comprender bien en qué consiste la devoción para que ésta no acabe convirtiéndose en un culto a la personalidad del maestro. De cualquier modo, un camino sin corazón es un camino amputado. Tampoco podemos que olvidar que, en el dzogchen, el concepto de práctica contemplativa es sensiblemente diferente al del resto de vehículos budistas, por no hablar del tipo de meditación preconizado por otros sistemas espirituales, ya que se insiste en la no-práctica y la no-meditación espontánea o carente de artificios.
Tal como explica el maestro Buddhaguhya: Las acumulaciones de mérito y de sabiduría, la quietud mental, la purificación de los hábitos, no son sino clavos de fijación: en el espacio primordial no hay nada a lo que aferrarse ¡Por tanto, cualquier artificio es superfluo! Enderezar la espalda, cruzar las piernas, todos los métodos físicos artificiales no denotan sino un profundo apego hacia el propio cuerpo. ¡Sitúa todos los artificios en el espacio sin forma! La naturaleza de la mente carece de principio u origen; similar al cielo, no puede ser hallada mediante la búsqueda.
El despertar no-nacido no se halla supeditado a causas ni condiciones. Sin embargo, la no-práctica o la no-acción sólo son aplicables a partir del reconocimiento del estado natural de la mente. En muchas ocasiones las enseñanzas del dzogchen y el mahamudra esencial hablan de la “mente ordinaria”, una expresión que se refiere al hecho de no corregir la naturaleza de la meditación ni de buscar ningún estado de conciencia especial. Por eso, no es posible identificar la mente ordinaria con la conciencia ignorante. La llamada mente ordinaria es otro de los nombres del estado natural de la mente .
El maestro Savari sostiene: Puesto que la mente ordinaria es la simplicidad natural, no la manipules con elaboraciones conceptuales. La pura naturaleza de la mente no necesita cambio alguno. Permite, pues, que la mente permanezca en su estado natural sin tratar de adherirte a ella ni de trascenderla. Y Milarepa proclama: Habiendo permanecido continuamente en la mente ordinaria he olvidado la ilusión de la ignorancia. Abundando en lo anterior, El rey creador de todos los fenómenos, un tantra-raíz del dzogchen ofrece los siguientes diez puntos, denominados técnicamente las “diez ausencias” (med pa cu):
1. No hay visión en la que meditar
2. No hay ningún compromiso (samaya) que respetar
3. No hay una determinada cualidad espiritual que desarrollar
4. No hay mandala que crear
5. No hay ninguna iniciación que recibir
6. No hay sendero que seguir
7. No hay niveles de realización (o bhumis) que recorrer
8. No hay ninguna conducta específica que se deba adoptar o abandonar
9. Desde el sin principio la sabiduría natural permanece libre de obstáculos
10. La perfección espontánea está más allá de la esperanza y el temor
‘Desenjaulando’ la jaula
No creas nada porque lo hayas oído – aun de los sabios- o lo hayas leído en algún libro. Créelo sólo si se corresponde con tu propia experiencia. Siddharta Gautama.
De la infancia recogí alegrías (supongo), amistades (pasajeras), probablemente llantos (muchos), del colegio mis primeros pasos en el conocimiento, de la universidad mas conocimiento e ideas (ajenas algunas, asertivas otras, ideas mías o de nadie, ideas) poesía y matemática (ampliamente las dos cosas que más amé y disfrute, que lloré y gocé) del trabajo y las experiencias laborales gente nueva, otro poco de ideas, mi paternidad: la nueva mía y la que viajó -en el medio día del mes de octubre se nace y se muere – …
En fin, la cita de arriba me lleva a la inevitable deducción de que no importa cuánto y cómo aprendamos ‘cosas’, las que perduran y ‘forman’ parte tuya son sólo aquellas que se alinean con tus experiencias, entendí finalmente que para “juntar las manos, éstas deben estar vacías” y que hay que dejar para obtener: no puedes pasarte la vida reclamando porque te falta ropa nueva, si tu closet está lleno de ropa antigua y que ya no usas: vacíalo y obtendrás. Ya no me satisface el principio activo del conocimiento por el conocimiento, eso de que más ideas son menos ignorancia tampoco… entonces qué? La diferencia sustancial entre conocimiento y sabiduría es que en la segunda ponemos en práctica lo conocido, así de simple y así de elocuente.
Este blog va a cambiar, deja lo negro por lo blanco, tal como dejé los hábitos y costumbres universitarias que me hartaron, laboralmente hablando primero, espiritualmente después… y mutará no tan sólo para dejar de ser lo que es, lo hará para ser mejor, porque ese es el verdadero cambio no existe otro cambio, no existe otra transformación, todas deben ser mejores…
Estoy mutando, y ésta ya no es una mera ‘idea’, es una experiencia, estoy mutando, y ésta no es una ilusión, estoy vaciando mis manos
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