Balada de Pablo de Rokha
Yo canto, canto sin querer, necesariamente, irremediablemente, fatalmente, al azar de los sucesos, como quien come, bebe o anda y porque sí; moriría si no cantase, moriría si no cantase; el acontecimiento popular del poema estimula mis nervios sonantes, no puedo hablar, entono, pienso en canciones, no puedo hablar, no puedo hablar; las ruidosas, trascendentales epopeyas me definen, e ignoro el sentido de mi flauta; aprendí a cantar siendo nebulosa, odio, odio las utilitarias labores erradas, cuotidianas, prosaicas, y amo la ociosidad ilustre de lo bello; cantar, cantar, cantar… he ahí lo único que sabes, Pablo de Rokha…
Los sofismas universales, las cósmicas, subterráneas leyes dinámicas, me rigen, mi canción natural, polifónica se abre más allá del espíritu, la ancha belleza subconciente, trágica, matemática, fúnebre, guía mis pasos en la obscura claridad; cruzo las épocas cantando como un gran sueño deforme, mi verdad es la verdadera verdad, el corazón orquestal, musical, orquestal, dionisíaco, flota en la augusta, perfecta, la eximia resonancia unánime, los fenómenos convergen a él, y agrandan su sonora sonoridad sonora, sonora; y estas fatales manos van, sonámbulas, apartando la vida externa, —conceptos, fórmulas, costumbres, apariencias-; mi intuición sigue los caminos de las cosas, vidente, iluminada y feliz, porque todo se hace canto en mis huesos, todo se hace canto en mis huesos.
Pus, llanto y nieblas lúgubres, dolor, solo dolor mamo en los roñosos pechos de la vida, no tengo casa y mi vestido es pobre; sin embargo, mis cantares dramáticos-inéditos, modestísimos suman el pensamiento, todo el pensamiento de la raza y la voz del instante; soy un país hecho poeta, por la gracia de “Dios”; desprecio el determinismo de las ciencias parciales, convencionales, pues mi sabiduría monumental surge pariendo axiomas desde lo infinito, y su elocuencia errante, fabulosa y terrible crea mundos e inventa universos continuamente; afirmo o niego, y mi pasión gigante atraviesa tronando el pueblo imbécil del prejuicio, la mala aldea clerical de la rutina.
Atardeciendo me arrodillé junto a una inmensa y gris piedra humilde, democrática, trágica, y su oratoria, su elocuencia inmóvil habló conmigo, en aquel sordo lenguaje cosmopolita e ingenuo del ritmo universal; hoy, tendido a la sombra de los lagos, he sentido el llanto de los muertos flotando en las corolas; oigo crecer las plantas y morir los viajeros planetas degollados igual que animales, el sol se pone al fondo de mis años lúgubres, amarillos, amarillos, amarillos, las espigas van naciéndome, a media noche los eternos ríos lloran a la orilla de mi tristeza y a mis dolores maximalistas se les caen las hojas… “buenos días, buenos días árbol”, dije al reventar la mañana sobre las rubias cumbres chilenas, y más tarde clamaba: “estrellas, sois estrellas, ¡oh prodigio!…”
Mis pensamientos hacen sonar los siglos contra los siglos; voy caminando, caminando, caminando musicalmente y mis actos son himnos, cánticos naturales, completamente naturales; las campanas del tiempo repican cuando me oyen sentirme; constituyo el principio y la razón primordial de todas las tonadas, el eco de mis trancos restalla en la eternidad, los triángulos paradójicos de mi actitud resumen el gesto de los gestos, el gesto, la figura del superhombre loco que balanceó la cuna macabra del orbe e iba enseñándole a hablar.
Los cantos de mi lengua tienen ojos y pies, ojos y pies, músculos, alma, sensaciones, grandiosidad de héroes y pequeñas costumbres modestas, simplicísimas, mínimas, simplicísimas de recién nacidos, aúllan y hacen congojas enormes, enormes, enormemente enormes, sonríen, lloran, sonríen, escupen al cielo infame o echan serpientes por la boca, obran, obran lo mismo que gentes o pájaros, dignifican el reino animal, el reino vegetal, el reino mineral, y son bestias de mármol, bestias, bestias cuya sangre ardiendo y triste-triste, asciende a ellos desde las entrañas del globo, y cuyo ser poliédrico, múltiple, simultáneo está en los quinientos horizontes geográficos; florecen gozosos, redondos, sonoros en octubre, dan frutos rurales a principios de mayo o junio o a fines de agosto, maduran todo el año y desde nunca a desde nunca; anarquistas, estridentes, impávidos, crean un individuo y una gigante realidad nueva, algo que antes, antes, algo que antes no estaba en la tierra, prolongan mi anatomía terrible hacia lo absoluto, aún existiendo independientemente; ¡tocad su cuerpo, tocad su cuerpo y os ensangrentareis los dedos miserables!…
Ariel y Calibán, Grecia, Egipto, Roma, el país judío y Chile, las polvosas naciones prehistóricas, Jesús de Nazareth, los cielos, las montañas, el mar y los hombres más hombres, las oceánicas multitudes, ciudades, campos, talleres, usinas, árboles, flores, sepulcros, sanatorios, hospicios u hospitales, brutos de piel terrosa y lejano mirar, lleno de églogas, insectos y aves, pequeñas, armoniosas mujeres pálidas; el cosmos idiota, maravilloso, maravilloso, maravilloso, orienta mis palabras, y rodaré sonando eternamente, como el viejo del viejo, nidal en donde anidan todos los gorjeos del mundo!…
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Sobre cada lado de un triángulo equiláterode altura 9cm, se construye un cuadrado como se muestra en la figura. El perímetro de hexágono ABCDEF es
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La doctrina del kamma explica cosas como …
La doctrina del kamma explica cosas como las diferencias individuales entre los seres humanos y porque las buenas personas sufren en esta vida. El kamma no es justicia moral; si uno considera la ley de kamma como tal, está sugiriendo que alguien está sentado juzgando a los seres. No hay nadie que juzga las acciones de los seres; la ley moral de kamma simplemente existe; no es justicia moral ni premio y castigo. De acuerdo con esta ley, si uno realiza buenas acciones, obtiene buenos resultados y si realiza malas acciones, obtiene malos resultados. Sin embargo, los resultados no están dados por alguien ni están dados como premio o castigo. El kamma es una ley moral que no requiere un legislador; es una ley que opera naturalmente.
impermanencia y despojo… vacuidad. sin …
impermanencia y despojo… vacuidad. sin asirse ni librarse.
Diferentes modos de morir

Fuente: Diferentes modos de morir por Yoga Natural
Si la muerte es, tal como afirmaban los antiguos filósofos clásicos, la piedra de toque de toda filosofía, entonces, el budismo tibetano es filosofía por antonomasia. La tradición tibetana concede una importancia extrema al proceso de la muerte ya que, en su opinión, constituye el momento decisivo de la existencia. Es como si la vida entera estuviera destinada —en lo externo y en lo interno— a ser sometida a prueba en este tránsito crucial.
El principal mensaje subyacente a este énfasis sobre el momento de la muerte radica en la idea —genuinamente budista— de que el ser humano no tiene por qué estar sometido de forma pasiva a una serie de acontecimientos incontrolables, sino que puede ejercer algún tipo de acción en cualquier circunstancia, por más difícil que parezca ésta, incluso en un momento tan delicado como es el de abandonar la vida.
Un somero repaso a las manifestaciones exhibidas por algunos practicantes de meditación durante el proceso de la muerte nos proporcionará una idea de lo rica en prodigios que es la tradición tibetana en este sentido. Todos estos hechos aparentemente sorprendentes nos enseñan, en definitiva, que la realidad en que vivimos no es algo inalterable, sólido o permanente, sino que es moldeable hasta extremos que, a los ojos ordinarios, parecen totalmente imposibles.
Pero tal como dijo el actual Dalai Lama, no se trata tan sólo de relatos de “ciencia-ficción religiosa” sino de testimonios fidedignos que nos trasmiten el esperanzador mensaje de que, desde épocas inmemoriales, los seres humanos hemos gozado de una tecnología espiritual capaz de vencer nuestras habituales limitaciones espaciotemporales.
En lo que concierne a las manifestaciones mostradas por los meditadores tibetanos durante el tránsito de la muerte hay que decir que, en primer lugar, si la práctica meditativa ha sido llevada a cabo correctamente, aunque no se haya sido capaz de alcanzar la liberación o la iluminación completa, en el momento de la muerte se carecerá, como mínimo, de cualquier motivo de pesar o de temor.
Según la tradición, las personas que carecen de todo temor ante la muerte evidencian cuatro signos. De este modo, como un ciervo, gozan de retirarse a la soledad para morir completamente en paz; como un león impávido, no carecen de todo temor a lo que pueda sobrevenirles; como un mendigo, no se preocupan por las condiciones externas y, aunque mueran en medio de la calle, no sienten ningún pesar por ello; y, por último, como un niño pequeño que carece de todo tipo de ideas preconcebidas, permanecen desapegados tanto de la muerte como de la vida.
El budismo no deja a nada al azar ni priva a nadie de oportunidades y es consciente de que el miedo a la muerte puede ser muy difícil de superar. Por esa razón, existen ciertos métodos, como el phowa —o la transferencia de la conciencia, también conocida como «iluminación sin meditación»—, que permiten, al menos teóricamente, dirigir la conciencia en el momento de la muerte hacia un reino puro o un paraíso búdico.
Los tibetanos organizan cada año multitudinarios festivales de práctica de phowa, cuyo objetivo es el de entrenarse antes del momento de la muerte en la apertura de la puerta psíquica por donde la conciencia deberá abandonar el cuerpo. Hay que añadir que el signo de que se ha logrado la pericia en la práctica es un diminuto orificio que aparece en la cúspide del cráneo del practicante, orificio en donde se inserta un tallo de hierba que, a veces, se mantiene ahí durante varios días como prueba de éxito en esta singular práctica.
Pero lo más importante es que, tal como sugieren multitud de testimonios, quienes llevan hasta sus últimas consecuencias las enseñanzas budistas son capaces de disolver completamente su cuerpo material, reabsorbiendo todos los elementos materiales en su fuente luminosa original. Este tipo de logro se conoce como “cuerpo de arco iris” (ja-lus), cuya manifestación más ostensible tiene lugar paralelamente al proceso de la muerte, cuando los huesos, la carne, la sangre y el resto de componentes del organismo burdo se transforman en la pura esencia de sus elementos constitutivos y se diluyen en la Clara Luz, dejando tras de sí únicamente algunos vestigios materiales como el cabello y las uñas. Este proceso de disolución gradual puede prolongarse durante más de una semana.
Tal como afirma Dudjom Rimpoche —cabeza de la escuela Nyingmapa [antigua] del budismo tibetano—, sería imposible enumerar a todos aquellos que han alcanzado el cuerpo de arco iris gracias a las enseñanzas del Dzogchen [Gran perfección: las enseñanzas más esotéricas del budismo tibetano a las que pertenece, por cierto, el Bardo Thödol]. No se trata, pues, de meras leyendas trasnochadas ya que existen testimonios altamente fiables de que, en nuestra época, también han sido varios los individuos que han alcanzado tan insólito logro.
Uno de los últimos testimonios referentes a este tipo de realización —que alcanzó gran difusión en su momento en el Tíbet— nos lo transmite el maestro tibetano Namkhai Norbu Rimpoche —residente actualmente en Italia— y que ocurrió en 1952. El protagonista fue un individuo llamado Sönam Namgyal de la familia de Tag-rong, del valle de Yidlhung, sito en la región de Kham. Tras haberse dedicado a la actividad de la caza en su juventud, Sönam Namgyal recibió enseñanzas de Dzogchen de algunos maestros muy importantes, abandonando su ocupación habitual y entregándose intensamente a la práctica meditativa sin que sus vecinos llegaran a advertir jamás su grado de dedicación. Sönam Namgyal se ganaba la vida tallando imágenes religiosas sobre las rocas y nadie podía suponer que era una persona especial hasta que, a los setenta y nueve años de edad, enfermó gravemente y falleció.
Un lama que se hallaba presente dijo que se debía tratar con especial atención a aquel cadáver pero los parientes no entendieron bien a que se refería, así que prepararon el cuerpo para el funeral del mismo modo que se hubiera hecho con cualquier persona. Sin embargo, pronto comenzaron a advertir en torno al cuerpo luces de arco iris y cómo éste iba disminuyendo de tamaño. Fue entonces cuando los presentes se percataron de que el difunto debía haber alcanzado algún tipo de realización espiritual. Transcurridos un par de días más —concluye el relato—, sólo restaban los cabellos y las uñas, un signo que indica la realización del cuerpo de arco iris. El evento alcanzó una difusión notable porque se trataba de una persona ordinaria de la que nadie sospechaba su nivel de realización.
El siguiente testimonio también nos los proporciona Namkhai Norbu Rimpoche. Según explica, alrededor del año 1949, cierto monje —perteneciente a un monasterio de la orden Sakya— fue expulsado de su comunidad tras ser reprendido públicamente por mantener relaciones amorosas con una joven. Desolado y sin hogar, esta persona se dedicó a vagabundear hasta que arribó a la zona noroeste del Tíbet, donde tuvo la fortuna de encontrarse con Sangpa Drubchen, un maestro de Dzogchen que tenía doce hijos, todos ellos practicantes de meditación, que vivían al estilo nómada tibetano cuidando del ganado y desplazándose continuamente de una región a otra.
Tras pasar varios años trabajando y estudiando con este maestro, el antiguo monje retornó al área en donde se hallaba su monasterio, pero no fue readmitido y se estableció en las cercanías en una pequeña cabaña dedicando la mayor parte del tiempo a meditar y a cuidar de un pequeño rebaño. Y así vivió varios años hasta que, una mañana, el exmonje anunció repentinamente que iba a morir en el plazo de siete días.
Se encerró entonces en una habitación durante la siguiente semana. Al amanecer del octavo día, muchos monjes y dignatarios locales acudieron al lugar presas de la curiosidad, a pesar de haberlo criticado duramente en el pasado, y, al abrir la puerta de la estancia, sólo pudieron recoger atónitos los cabellos y las uñas del antiguo monje. Y, entonces, decidieron construir una stupa de oro en el interior del monasterio para venerar adecuadamente sus reliquias.
El tercer caso también procede de Namkhai Norbu Rimpoche. Según relata, en 1952, en la zona del Tíbet donde él había nacido, vivía un anciano quien, en su juventud, había sido durante algunos años el asistente de un maestro de Dzogchen y había escuchado de él numerosas enseñanzas. Al morir este maestro, el hombre abandonó el lugar, contrajo matrimonio y comenzó a ganarse la vida muy modestamente esculpiendo oraciones y mantras en las rocas. Pasaron los años y nadie le prestó atención o pensó siquiera que fuera un practicante espiritual.
Sin embargo, cierto día, el hombre —ya anciano— anunció su muerte para una semana después y envió un mensaje a su hijo, que era monje, diciéndole que deseaba dejar todas sus posesiones como un ofrecimiento al monasterio donde su hijo se hallaba retirado. El monasterio difundió la noticia de que el anciano había anunciado su propia muerte y de que permanecería encerrado durante la semana que precedería al suceso. De este modo, fue mucha la gente que se acercó al lugar y el hecho acabó convirtiéndose en un evento público. Se congregaron representantes de todas las escuelas budistas, de los grandes monasterios e incluso miembros de la administración china, casi todos ellos militares. Cuando se abrió la puerta de la habitación en la que había permanecido el anciano, todos pudieron testificar que, en su interior, no había ningún cadáver sino tan sólo las uñas y un puñado de cabellos.
En la tradición autóctona del Tíbet, el Bön, también existen testimonios muy actuales a este respecto. Así, por ejemplo, Lopön Tenzin Namdak relata el caso de tres estudiantes de un afamado maestro de esta tradición que permanecieron juntos recibiendo las instrucciones del Dzogchen hasta que, en 1959, a causa de la invasión china de esa zona del Tíbet, se dispersaron por diferentes regiones.
El primero de ellos, un individuo llamado Tsultrim, desapareció durante el turbulento período de la Revolución —ultural. El segundo estudiante, de nombre Tsewang Dechen Nyingpo, fue ocultado por unos aldeanos durante la misma época, pero cayó gravemente enfermo y falleció en su escondite. A partir de ese momento, su cuerpo fue disminuyendo de tamaño a lo largo de diez días hasta quedar reducido a unos pocos centímetros, siendo introducidos los restos en el interior de una jarra y ahí permanecieron hasta que, en 1984, debido a la relativa libertad religiosa promovida por los chinos, fueron mostrados por primera vez en público. El tercer discípulo, Tsupo Özer, también falleció en Tíbet en 1983 y, tras un intervalo de una semana, su cuerpo se redujo considerablemente, siendo guardado junto a los restos del anterior estudiante durante algunos meses.
Posteriormente, ambos cuerpos fueron trasladados a Nepal para ser incinerados públicamente en Katmandú, un evento al que asistieron más de diez mil personas. Según relatan los monjes que transportaron los restos desde Tíbet a Nepal, ambos cuerpos se hallaban sentados en la postura del loto y eran sumamente ligeros. Uno de los monjes, que se encontraba presente cuando Tsupo Özer falleció, añade que, durante el proceso de su muerte, aparecieron numerosos arco iris en torno a la casa donde se encontraba. Pero, quizá, lo más sorprendente es que Tsupo Özer era un inveterado bebedor de cerveza tibetana y nadie le tenía por un practicante modélico.
Pero no todos los cuerpos de los meditadores que han alcanzado la más alta realización del Dzogchen se disuelven en luz sino que, en ocasiones, también pueden dejar tras de sí un tipo de reliquias conocidas en tibetano como gdün y ringsel, que suelen ser consideradas como supremos objetos de veneración. Como norma general, los individuos que alcanzan alguna de las realizaciones del Dzogchen pero no disuelven su cuerpo en la hora de la muerte, siempre manifiestan en dicho tránsito ciertas señales inequívocas que Kunkhyen Jigme Lingpa, un erudito clásico tibetano, sumariza en cuatro tipos de signos: (a) luces, sonidos, (b) imágenes [las formas de las deidades aparecen inscritas en los huesos], (c) gdün y ringsel ["perlas" cuyo tamaño oscila desde el tamaño de un guisante hasta el de una semilla de mostaza], o bien (d) se producen temblores sísmicos.
Asimismo, se explica:
Los yoguis mediocres tienen tres modos de morir: Como un niño pequeño, superando cualquier concepto acerca de la muerte; como un mendigo, libre del temor a las condiciones externas; o como un león, en solitarias montañas nevadas, habiendo eliminado todo apego a las circunstancias.
Cuando se es capaz de morir de esta manera, uno cuenta con la evidencia de la realización y ya no necesita, por tanto, que se le recuerden las instrucciones.
Consejos sobre la meditación
Fuente: Consejos sobre Meditación por Tradición Perenne
Cuando tu lees los libros sobre la meditación, o cuando la meditación es presentada por diversos grupos, el énfasis es mas que todo sobre las técnicas. En el mundo occidental, la gente tiende a estar muy interesada en la “tecnología” de la meditación. Sin embargo, la característica más importante de la meditación no es la técnica, sino la postura, no tanto fisica sino más que todo se refiere a una actitud.
Debemos reconocer que cuando comenzamos la práctica de la meditación, estamos incorporando una dimensión totalmente diferente. Normalmente en la vida ponemos mucho esfuerzo en la obtención de las cosas externas y hay muchas luchas que tenemos que superar, mientras que en la meditación es justamente lo contrario, la meditación el la ruptura de cómo funcionamos normalmente.
La meditación es simplemente una cuestión de estar, de derretirse, como un pedazo de mantequilla dejada al sol. No tiene nada que ver con si tu “sabes” o nó, en hecho, cada vez que tu practicas la meditación tu tienes que estar fresco, como si sucediera por primera vez . Tu apenas siéntate con tu cuerpo relajado, silencioso, tu mente completamente tranquila, y permite que los pensamientos vengan y que vayan, sin dejarlos causar estragos en tu mente. Si tu necesitas algo que hacer, observa la respiración. Este es un proceso muy simple. Cuando tu estás respirando hacia fuera, siente que estás respirando hacia afuera. Cuando tu respiración hacia adentro, siente que tu estás respirando hacia adentro, sin proveer ninguna clase de comentario adicional o chisme mental, pero solo identificando la respiración. este proceso de la mente atenta es muy simple y procesa tus pensamientos y emociones, entonces, como una vieja piel se liberan.
Generalmente la gente para relajar el cuerpo se concentran en diversas partes. Pero la relajación verdadera viene cuando te relajas de adentro hacia afuera entonces todo se facilitará y se hará absolutamente natural.
Cuando tu comienzas a practicar, tu entras en contacto con tu “punto suave”, y solamente permanece allí. Tu no necesitas centrarte en cualquier cosa en detalle para comenzar. Apenas se espacioso, y permite que los pensamientos y las emociones aparezcan. Si tu lo haces así, más tarde, cuando tu utilices un método tal como mirar la respiración, tu atención estará más fácilmente en tu respiración. No hay punto determinado en la respiración en el cual tu necesites centrarte, es simplemente el proceso de la respiración. Veinticinco por ciento de tu atención está en la respiración, y el setenta y cinco por ciento está relajado.
Intenta identificarte realmente con la respiración, más que solamente mirarla. Tu puedes elegir un objeto, como una flor, por ejemplo, para enfocarte. A veces enseñan a visualizar una luz en la frente, o en el corazón. A veces un sonido o una mantra puede ser utilizado. Pero al principio es mejor simplemente ser espacioso, como el cielo, siente que eres el universo entero.
Cuando te sientes, deja que todo se calme y permite que las cosas y todo lo que está en desacorde se disuelvan naturalmente, de aquí nace tu verdadero ser. Tu experimentas un aspecto el cuál es el “verdadero” tu. A medida que tu profundices más, tu comienzas a descubrir y a conectarte con tu calidad de amar que es la más fundamental.
El punto clave de la meditación es el conseguir utilizar ese aspecto de el cual te has olvidado. En Tibetano meditación significa “acostumbrarse”. Acostumbrarse a qué? a tu verdadera naturaleza, tu naturaleza de Buddha. Esta es la razón por la cual, en la enseñanza más alta de Buddismo, Dzogchen, a ti te dicen que descanases en la naturaleza de tu mente”. Tu apenas te sientas y dejas que todos los pensamientos y conceptos se disuelvan. Es como cuando las nubes se disuelven o la niebla se evapora, así revelando el cielo claro y el sol que brilla detrás de ellas.
Cuando todo se disuelve, tu comienzas a experimentar tu verdadera naturaleza, tu “vives!”. Entonces tu lo sabes y en ese momento, te sientes realmente bien!. Está sensación de bienestar es completamente diferente a todas las que tu puedes hayas experimentado. Ésta es una experiencia verdadera y genuina, en la cual tu sientes una profunda paz, alegría y confianza sobre ti mismo.
Es bueno que medites cuando te sientas inspirado. temprano en las mañanas puedes tener esa inspiración, pues los mejores momentos de la mente son temprano en el día, cuando la mente está más tranquila y más fresca (el tiempo tradicionalmente recomendado es antes del amanecer). El más apropiado para sentarse a meditar, porque no solamente es fácil sino que entonces te dará más confianza en la práctica, y tu podrás más adelante practicar cuando no estes inspirado. No hay necesidad de meditar por mucho tiempo: apenas permanece silencioso hasta que puedas entrar y conectarte con la esencia de tu corazón. Éste es el punto principal.
Después de esto hay una cierta integración. Una vez que la mente atenta haya sido despertada por tu meditación, tu mente será tranquila y tus opiniones más coherentes. Entonces, estarás presente en todo lo que haces. Como en el refrán famoso del Zen: “cuando yo como, yo como; cuando duermo, duermo”. Cualquiera cosa que hagas, tu estarás completamente presente en el acto. Así sea lavando platos, si se hace completamente, se puede decir que estarás más lleno de energía. Serás más pacífico, así eres más “tu”. Te conviertes en el “tu” universal.
Una de los puntos fundamentales del viaje espiritual es el perseverar a lo largo del camino. Aunque tu meditación puede ser buena un día y no tan buena el día siguiente, como cambios en el paisaje, esencialmente no son las experiencias, buenas o malas las que cuentan, pero cuando tu perseveras, la práctica verdadera aflora en ti y llega entre lo bueno y malo. Lo bueno y lo malo son simplemente espejismos, así como puede haber buen o mal tiempo, cielo siempre es el mismo. Si tu perseveras y tienes esa actitud del cielo espacioso, sin la perturbación de emociones y experiencias, tu desarrollarás estabilidad y la profundidad real del la meditación.
Tu encontrarás esto gradualmente y casi inadvertidamente, tu actitud comienza a cambiar. Tu no te aferras a las cosas tan sólidamente como antes, y aunque se sucedan las crisis te mantendrás tranquilo, sabrás manejarlas y te darás cuenta que todas estas situaciones son risibles y vivirás con un corazón más alegre
num3ra: todo es número

... todo es número: una no-tan-corta Introducción a la Matemática PSU.
http://num3ra.pbwiki.com
Este material fué creado por Hans Sigrist, y pretende ser un manual de estudios para mis alumnos de DaVinci PreUniversitario, San Felipe. Durante mucho tiempo anhele la redacción del presente motivado principalmente por la ausencia de un texto que satisficiera mis necesidades como profesor y al mismo tiempo las inquietudes de los alumnos, quienes siempre me han manifestado la necesidad de un texto de matemática lo más cercano posible a la realidad PSU.
Otra motivación principal en la redacción del pte. es la presencia de una generosa y abundante cantidad de ejercicios que pretenden ser la verdadera guía de estudio y reforzamiento de ideas y madurez matemática. Estos ejercicios contribuyen en gran parte a ser una base de datos para el alumno y un soporte para el profesor en la sala de clases.

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